Puebla de los ángeles

Editado por Julia Rios

Septiembre 2019

Escuche este cuento, narrado por Pablo Defendini:

Año del Señor de 1531

Las huestes celestiales no habían tenido una asamblea tan concurrida en nueve años. En el estrado, los siete arcángeles revisaban folios y hablaban todos a la vez creando una mezcla de voces que, debido a su procedencia, no llegaba a la cacofonía. Estaba por dar inicio la votación más importante del día. Remiel (quien fungía de moderador) tocó la campanilla para llamar al silencio.

—Bien, pasemos al tema principal: recibimos un llamado desde la Nueva España. El obispo de Tlaxcala quiere fundar una nueva ciudad entre la Villa Rica de la Vera Veracruz y la capital, para lo cual solicita nuestro apoyo. —Un murmullo de expectación se extendió por la sala—. A cambio, promete hacer todo lo posible porque nos dediquen el suelo que ocupe. Si esto se logra, tendríamos la puerta abierta y la nueva población sería nuestra sede, con libertad de administración.

En el estrado empezó el debate.

Uriel, a cargo de los templos, mostró su acuerdo y propuso que dictaran en sueños el trazo perfecto de las calles: una cuadrícula. Rafael, protector de los viajeros, conocía el terreno:

—También en sueños puedo arrimarlo a un vallecito que está entre Cholula y Huejotzingo, a mí me gusta mucho porque en ese lugar los conquistadores no han derramado sangre.

Pero Sariel tenía objeciones:

—¿Para qué necesitamos una sede en esos terrenos?, ya tenemos suficiente trabajo como mensajeros y protectores, ¿eso no sería entrometernos demasiado en los asuntos humanos?

Miguel, que había estado muy quieto, tomó entonces la palabra:

—Ya vimos lo que ha pasado en estos diez años, desde que cayó el imperio mexica las tierras de varios reinos antiguos ahora son solo parte de la colonia; los conquistadores seguirán extendiendo su dominio hacia el sur, por todo el continente. Si ellos actúan con violencia, ¿qué papel vamos a jugar nosotros en todo esto?

Intervino un serafín:

—Miguel habla como estratega, pero yo secundo a Sariel, ¿por qué tenemos que jugar ningún papel?, no pertenecemos a los dominios humanos, no debemos interferir con sus acciones.

El barullo de la discusión inundó el auditorio. En un momento determinado, Gabriel carraspeó y empezó a hablar en tono sosegado. Pero su voz alcanzó hasta el último rincón de la sala:

—Hermanas, hermanos, somos guardianes: velamos, somos mensajeros, ayudamos a los inocentes. Nuestra principal tarea siempre ha sido la protección, y esa es ya una forma de interferir. No cambiaríamos nuestros actos, un lugar propio donde atender las plegarias de ayuda nos serviría para hacer nuestro trabajo con más diligencia. Hay pueblos enteros en peligro y sabemos que se avecinan tiempos aún más aciagos. Estoy con Miguel, así sea de manera discreta, nos corresponde tomar partido ante la necesidad de las víctimas. Personificamos la más numerosa fuerza del bien, si nosotros no socorremos a todas esas almas atribuladas, heridas por la guerra, ¿quién lo hará?

—Pero —reviró Sariel—, si esa ciudad la van a construir los conquistadores, ¿quiere decir que ahora los ángeles trabajamos con el clero español y seremos sus aliados? No podemos hacer ese pacto.

Uriel resolvió el asunto:

—No. Quiere decir que ese suelo bendito será una puerta para nosotros, pero no haremos tratos directos con la institución eclesiástica. El obispo proyecta que ese pueblo sirva precisamente para evitar favoritismos hacia los españoles, y aunque estaría bajo la potencia angélica no vamos a interferir: nos será útil en la medida en que nos permita hacer mejor nuestro trabajo. Además, esta es la primera vez que los ángeles recibiríamos una ciudad en el Nuevo Mundo.

La discusión continuó, pero poco a poco los ángeles, tronos, coros, y serafines se fueron sumando al acuerdo. Al final, se aprobó la construcción de la sede por mayoría de votos.


Año de 1749

Querido Juan José:

Espero que ésta te encuentre muy bien de salud y también a tu familia.

Al fin entré al servicio de un sacerdote de la orden de los franciscanos y estoy agradablemente sorprendido por hallarme en una ciudad de arquitectura tan soberbia como es la Puebla de los Ángeles. Sobre todo, por la buena disposición de sus ilustres habitantes a la mesa bien servida (como bien sabes, estimado amigo, el Señor eligió el pecado de la gula para ser mi cilicio). Esta se precia de ser una ciudad piadosa, la Madre cuenta con mucho favor, pues la Catedral es de advocación Mariana y estamos a punto de celebrar el centenario de su consagración.

La única sombra que pesa sobre mi corazón se debe a los niños. Aquí no dejan que los hijos de los naturales se mezclen en los juegos de los hijos de criollos y gente que se considera ilustre; cuando le pregunté a uno de los frailes si daban catecismo a todos juntos o los dividían en grupos, me miró como si le quisiera dar a comer una rata.

Yo no sé si será demasiada rebeldía seguir los dictados de mi corazón. Se me ha metido la idea de que si logro juntar a unos cuantos desos niños, los domingos muy tempranito podría enseñarles, a lo menos, a que se encomienden a su ángel de la guarda, porque tengo para mí que sus tiernas almas no tendrán otra guía y no los podemos dejar solos. Y si es verdad que en esta ciudad habitan ángeles, puedo enseñarles a encomendarse a ellos, para que alguna protección no les falte.

¿Recuerdas aquella oración que nos enseñaron de chiquillos? “Ángel de mi guarda, dulce compañía…”. Ignoro, amigo mío, si ellos responderán, pero si nosotros no ayudamos a esas pobres criaturas, ¿quién lo hará?

© 2019 Libia Brenda

Sobre el autor

Libia Brenda

Libia Brenda (Puebla, 1974) estudió Lengua y Literatura Hispánicas, trabaja haciendo libros desde hace veinte años, y escribe cuentos de corte entre fantástico e de ciencia ficción. Es Cofundadora del colectivo Cúmulo de Tesla (@Cumulodetesla), un agrupación basada en el trabajo ultidisciplinario que fomenta el diálogo entre arte y ciencia, con un gusto especial por la ciencia ficción. Ha publicado cuentos, reseños, y ensayos en varias revistas y antologías. También tiene una identidad secreta dedicada a la gastronomía.

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